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Producción panelera nacional, debe protegerse

Encuentro Panelero de Mogotes, septiembre 1 de 2018

El cultivo de la caña se confunde con nuestra historia. Traída por los conquistadores españoles se siembra, desde esos días, en Colombia. De ella se derivan el azúcar, la panela, el etanol y las melazas y su bagazo se utiliza para generar energía. Se siembra desde la orilla de los mares hasta los 2000 metros de altura y cubre 230 mil hectáreas en el Valle Geográfico del Rio Cauca y más de 190 mil en los departamentos paneleros del país.

 

Su importancia en la generación de riqueza y empleo se puede ver en el valor de los diversos productos y en la participación que tiene el cultivo de caña en el producto interno bruto nacional. Corresponde a más del 15% del PIB agropecuario y genera más de medio millón de empleos, entre directos e indirectos. De su cultivo viven más de 2 millones de colombianos.

 

La producción de azúcar fue -en 2017- de 2 millones 233 mil toneladas de las cuales 1 millón 677 fueron al consumo interno y poco más de 700 mil toneladas para exportar. La diferencia nace de que, al mismo tiempo, se importaron casi 200 mil toneladas. Importaciones que golpean la producción nacional.

 

Algo parecido sucede con el Etanol, derivado de la caña. En 2017 se produjeron poco más 366 millones de litros de los cuales fueron al mercado interno -para oxigenar la gasolina- 361 millones 553 mil litros. Pero importaron 71 millones 382 mil litros y a mayo de 2018 han importado 83 millones 787 mil litros. En cinco meses han traído más etanol que lo importado durante 2017. Eso significa que se está produciendo menos alcohol carburante en nuestro país, importando -cada día más- el producido en Estados Unidos- generando un sobrante de caña que perjudica, gravemente, la producción panelera tradicional al hacerse panela falsa derivada de derretir azúcar y mezclarla con melazas. La importación se hace con base en el tratado de libre comercio TLC suscrito con Estados Unidos. Se importa además otros edulcorantes y jarabe de maíz que compite en la cadena del dulce y en la producción de otros alimentos que requieren de glucosas o fructuosas para su elaboración.

 

La producción panelera nacional fue -en 2016- de 1 millón 152 mil toneladas y de esas se exportaron menos de 5 mil toneladas. El resto se consume en el mercado nacional. Es sabido que la panela es un alimento que hace parte de la dieta básica de los colombianos pero que está sometida a la competencia de otra cantidad de bebidas.

 

Con estas cifras -como cuadro de fondo- de la agroindustria derivada de la caña, podemos afirmar que la solución, para salir de la crisis de precios que hoy afecta altamente la sostenibilidad de la producción panelera, parte de la renegociación de los tratados de libre comercio -TLC- que tanto daño hacen a la agroindustria cañera. No importar azúcar, etanol, edulcorantes y endulzantes como el jarabe de maíz y otros de origen químico, garantizaría que la agroindustria de la caña nacional pudiese desarrollarse a plenitud y abastecer el mercado colombiano permitiendo fortalecer la generación de empleos de mejor calidad y la estabilidad de los paneleros tradicionales del país.

 

De no adoptarse esa política y, seguir permitiendo las importaciones señaladas, los paneleros artesanales y empresariales se verán abocados -irremediablemente a salir del negocio- y este terminará en manos de unos pocos grandes ingenios que reemplazarán la caña -que dejarían de usar en el azúcar y el etanol- para hacer panela como ya está sucediendo con el ingenio panelero de Biobando en el Valle del Cauca.

 

La superproducción de caña que se da hoy en el país tiene origen en la quiebra de los productores de maíz, sorgo, soya, ajonjolí y algodón que se cultivaban en el norte del Valle del Cauca y en el Valle del Río Risaralda y que se dejaron de sembrar por las importaciones de esos géneros agrícolas. Las políticas de apertura y libre comercio implementadas desde el gobierno de Cesar Gaviria llevaron a que esas tierras -dejadas de cultivar con esas “pepas”- llamadas así, cariñosamente por los agricultores, fueron reemplazadas con caña.

 

Si se abren importaciones de azúcar -por el ingreso de Australia al tratado de libre comercio conocido como Alianza del Pacífico- la probabilidad de que desaparezca buena parte del azúcar nacional es elevada e inmediata. Y si continúan creciendo, como lo viene haciendo, la importación de etanol, edulcorantes y jarabe de maíz, la caña sobrante en el Valle del Cauca será mayúscula y el traslado de los industriales del azúcar a la producción de panela sería casi que inevitable.

 

Por esa razón, los paneleros colombianos se oponen se apruebe el proyecto de Ley 113 de 2017 ya que esta Ley permitiría la creación de plantas industriales para la producción de panela -violando la Ley 40 del 1990- y creando la posibilidad legal de importar panela.

 

De todos los eslabones de la cadena del dulce y de la producción de etanol, lo más débil es el sector panelero. De ahí, la crisis tan profunda que está atravesando. Solucionarla requiere la mayor unidad de todos los que son parte de renglón de la producción agrícola nacional. Para alcanzar esa unidad deben hacerse esfuerzos para organizar a los paneleros -a lo largo y ancho del país- llegar a acuerdos con los demás afectados por las importaciones y darse un programa que incluya como punto central la renegociación de los tratados de libre comercio.

 

Para avanzar la tarea de salvar la producción panelera tradicional y empresarial este encuentro llama a participar en la audiencia pública que se realizará en el Senado de la República el próximo 13 de septiembre y convoca la realización de un encuentro panelero nacional que nos dote de un programa, un plan de acción y una alianza que nos permita proteger la producción nacional de panela y de los derivados de la caña.

 

Suscrito por los asistentes al Encuentro Panelero de Mogotes

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