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Graves nubarrones amenazan la Caficultura

Dignidad Cafetera Nacional, Manizales, diciembre 4 de 2017

Es tradición reunir, año a año, el Congreso de Federación Nacional de Cafeteros, hacer el balance respectivo, entregar resultados y definir las políticas que aplicará la entidad. Esta vez, el Congreso no será en Bogotá por la modificación estatutaria. Será en Manizales para celebrar 90 años del Comité de Cafeteros de Caldas. Dirigentes de Dignidad Cafetera, se reunieron también para evaluar el año transcurrido y examinar la realidad en la que se desenvuelve la actividad productiva y comercial de las 550 mil familias cafeteras. Esta es su opinión.

 

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Una comparación, sustentada con cifras, permite conocer rasgos económicos claves de la actividad cafetera. En junio de 1989 cuando Estados Unidos rompió el pacto internacional de cuotas de la Organización Internacional del Café -OIC- el grano se cotizaba en Nueva York a US$ 1 dólar con 41 centavos. Hoy, 28 años después, cotiza a US$1 dólar con 31 centavos. Para las familias cafeteras, el ingreso ha rebajado sustancialmente.

 

La conocida tabla de comparación de ingreso -del analista económico Aurelio Suárez- explica que al romperse el pacto, con el valor de una carga de café pergamino de 125 kilos, los cafeteros colombianos pagaban 60 jornales, hoy solo pagan 27, compraban 1245 kilos de abono hoy pueden adquirir 550, conseguían 75 kilos de carne de buena calidad hoy 49 y recibían a cambio del valor de la carga 299 galones de ACPM mientras hoy reciben 97 galones. Las cifras son claras.

 

El deterioro del ingreso cafetero es evidente y, sino es peor, es por el freno que se puso a la devaluación del peso -después del paro cafetero nacional de 2013- y, sobre todo, de la caída en los precios internacionales del petróleo. Si se tuviera dólar de $1800 pesos y continuara la revaluación del peso -que tanto daño hizo a los productores- la carga de café estaría a menos de $600 mil pesos, un precio por debajo del costo de producirlo.

 

Las políticas de libre comercio -origen de la situación que viven los productores- y los monopolios que manejan el mercado mundial del grano imponen precios, que para la mayoría de las 25 millones de familias cafetaleras del mundo, no son remunerativos. Si tan solo se recogiera la tasa de inflación de Estados Unidos, la libra debería valer US$1 dólar con 98 centavos. En pesos colombianos el precio por libra sería de $5.940 y la carga valdría casi $1 millón y 485 mil pesos, lo que permitiría recuperar el ingreso cafetero.

 

Pero la realidad no es esa. De ahí la urgencia de levantar un reclamo firme y unificado de los productores cafeteros del mundo para que se establezca un precio que sea remunerativo para los productores. La Federación de Cafeteros debe exigir al gobierno nacional elabore una política comercial exterior que precise un mecanismo de fijación de precio externo justo y, que lidere, con otras naciones productoras, una campaña mundial en ese sentido.

 

Parte sustancial de este reclamo debe comenzar por solicitar la eliminación de la resolución 420 de la OIC que permite llegue al mercado, sin certificación de calidad, cualquier café. Eso, sin duda, genera precios a la baja en el mercado mundial. El precio internacional y, el nacional ligado al primero, es de la mayor preocupación para Dignidad Cafetera.

 

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Como señala el pronunciamiento del comité departamental de cafeteros de Risaralda: “Nuestra industria genera bienestar, empleo, estabilidad social y ganancias a los eslabones de la cadena y el cafetero todos los días recibe menos”. Una verdad de a puño. Del valor total del negocio cafetero mundial, valorado en 200 mil millones dólares, el 90% se lo quedan los monopolios comercializadores, torrefactores y distribuidores. A los productores tan solo les toca 20 mil millones de dólares, el 10%.

 

Si bien es cierto que el país produjo, en el año cafetero, 14,6 millones de sacos, por un valor de 8.07 billones de pesos, no es menos cierto que para los productores, el margen de utilidad o ganancia, es bien escaso ya que, para ellos lo que cuenta es el año civil y este, sin duda, deja ver una rebaja sustancial en la producción que va desde el 1% a más del 40% en muchas regiones cafetaleras del país.

 

Y esa rebaja en la producción define, a la hora de conocer el ingreso real, lo que le queda al productor. Descontados costos de producción -salarios, intereses, insumos, transportes y servicios- y sabida la rebaja en la cosecha, el resultado es utilidades escasas o nulas para miles de cafeteros. Y lo que se prevé, el año entrante, no será fácil. Los efectos del cambio climático generarán reducciones importantes en la cosecha y, en el ingreso cafetero. Otra crisis de rentabilidad se acerca a la casa cafetera.

 

Por la rebaja de su cosecha muchos caficultores tienen graves dificultades para atender sus cafetales y las obligaciones contraídas con bancos y agro-comercios. Por eso, rechazaron la propuesta de modificar el factor de rendimiento que, en la práctica, significa reducir más su ingreso. Trabajar en la reducción de costos de producción y en políticas que enfrenten el cambio climático es decisivo pero, sin precios internacionales remunerativos, los cafeteros seguirán sometidos a continuas crisis de ingreso.

 

De otra parte el Gobierno Nacional propende la siembra de variedades robustas en la altillanura y de variedades tradicionales en zonas de ladera que fueron azotadas por la violencia. Se pretende aumentar la siembra de café, sin pensar en los efectos que esa política tenga sobre los productores actuales. En círculos de Gobierno y Federación, incluso, gana terreno la opinión de que la caficultura debe ser: en ladera, de campesinos pobres y en tierras planas, de grandes plantaciones agroindustriales de monopolios nacionales o multinacionales y que, el empresariado cafetero nacional puede o debe desaparecer.

 

Programas de apoyo para renovar cafetales, fortalecer la investigación agrícola, crear nuevas tecnologías, brindar incentivos a la capitalización rural y otros respaldos que deberían darse a campesinos y empresarios son, a año a año, más escasos. Las reducciones en el presupuesto del ministerio de agricultura para el año 2018 son del 20% con relación a 2017 y del 32% comparado con el 2015.

 

Un tema que ronda la producción cafetera y agropecuaria es la escasez de mano de obra y la necesidad -a fin de lograr permanencia de los trabajadores en el campo- de aumentar el ingreso de los productores para garantizar la seguridad social de los trabajadores. Sin remunerar adecuadamente al productor no serán posibles empleos bien remunerados. Y, sin respaldo estatal, no será posible brindar condiciones mínimas de seguridad social para unos y otros. El tejido social cafetero requiere políticas públicas que creen prosperidad y bienestar.

 

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Al igual que hace muchos años se reclama, como dijera el líder cafetero, Arturo Gómez Jaramillo, “énfasis en el manejo austero de la institucionalidad” principio que no se aplica en Federación de Cafeteros, donde se gasta, en la administración central, sin taza ni medida, los recursos que con gran dificultad producen los Cafeteros de Colombia. Aquí es necesario señalar que la federación padece un grave déficit que debe atenderse sin aumentar la contribución cafetera o modificar el factor de rendimiento. Reducir gastos de oficina central y de la representación en el exterior son, por lo menos, necesarios y urgentes.

 

También es de señalar la grave situación que presenta el Fondo para el pago de pensiones -heredado de la liquidación de la Flota Mercante Grancolombiana- que se cargó, sin oposición alguna, al Fondo Nacional del Café. Preocupante, además, el anuncio de que no se dispone de los recursos necesarios para pagar las prestaciones de los trabajadores de la Federación.

 

Y, finalmente, se realizó un Congreso Extraordinario para reformar Estatutos de Federación de Cafeteros. En nuestra opinión, se perdió un momento histórico para democratizarla. Pocos son los cambios en esa dirección y, al contrario, los espacios democráticos se redujeron. Uno de ellos que preocupa a los caficultores es la decidía y lentitud con que tramita los asuntos el tribunal disciplinario.

 

Acosa también a los cafeteros colombianos un tema que debe defenderse frente al gobierno nacional. Es fuerte y razonada la oposición a la presencia de mega-minería transnacional o nacional en zonas tradicionalmente cafeteras y agrarias. Las comunidades quieren seguir siendo lo que son y no someter su territorio a explotaciones que destruyen ecosistemas y pérdida del Agua indispensable para las labores agrícolas.

 

En Quindío, Cauca, Caldas, Risaralda, Antioquia, Huila, Santander, Norte Santander y en la Sierra Nevada de Santa Marta, por lo menos, se enfrenta esa situación. Dignidad Cafetera llama a que se acompañen los reclamos de las regiones cafeteras donde el gobierno nacional entrega licencias de exploración y explotación sin tener en cuenta lo que quieran los pobladores de esas regiones. Incluso se pretende negar las consultas populares y que las mismas se realicen, alegando que no hay plata para realizarlas. Afortunadamente, la población de Córdoba, Quindío, acaba de ganar una tutela que obliga a realizar la consulta en ese municipio y que, además, define jurisprudencia en el asunto.

 

Dignidad Cafetera, como organización independiente, continuará su labor en defensa de los derechos e intereses de los cafeteros Colombianos.

 

Dignidad Cafetera Nacional

 

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