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Crédito agropecuario en Colombia, mucho ruido y pocas nueces

Alonso Osorio, Director Ejecutivo Dignidad Agropecuaria del Cauca, Popayán, junio 24 de 2020

Agro Ingreso Seguro, Agroágil, Colombia Agro-Produce, son  pomposos nombres que se han puesto a distintos programas de crédito para productores del agro en Colombia, el primero y el último terminaron en escándalos y con un exministro tras las rejas.

Estos programas con sonoros nombres no han resuelto el problema del acceso al crédito agropecuario en Colombia. La actual política de crédito definida hace 30 años con el inicio de la llamada apertura económica, “libre mercado”, “libre competencia”, “regulación de la mano invisible del mercado”, desapareció el crédito de fomento que ya era escaso, insuficiente y costoso, quedamos a merced de la lógica de ganancia de los banqueros. El estado solo está presente a través de FINAGRO que a pesar de colocar dineros en los bancos no pude ir más allá de “sensibilizarlos” para que presten a los productores del campo. En el programa Colombia Agro-Produce, especial para tiempo de pandemia, los bancos fueron quienes definieron a quien se prestaba, bajo la lógica que se presta no al que presenta un proyecto productivo sino al que tenga prenda hipotecaria suficiente. Para el caso de los cafeteros y los paneleros por ejemplo es casi imposible pues el 95 % tiene menos de 5 hectáreas y en caña panelera el promedio de tenencia es de 3 hectáreas.

Esa política implementada desde inicio de los 90s también definió que un beneficiario de la política flexible de crédito puede ser cualquier empresa ligada a los eslabones de la cadena de producción, siembra comercialización o transporte. Fue lo que sucedió con los $226 mil millones del programa Colombia Agro-Produce una vez oficializado el 30 de marzo de este año, a los 3 días ya habían entregado un alto porcentaje de recursos – Según Carlos Felipe Córdoba Contralor General – 90% (unos $196 mil millones de lo entregado) concentrados en prestantes empresarios del ramo, no productores.

Entre pequeños y medianos productores se escucha sobre el esquivo – ICR – Incentivo a la Capitalización Rural, pero al momento de aplicarlo, si al solicitante le notifican la aprobación de su crédito también le comunican por lo general que el ICR no alcanzó para él. El mecanismo por lo escaso se presta para todo tipo de componendas.

En síntesis, el crédito para productores del agro en Colombia está regulado por los bancos, porque según funcionarios de FINAGRO el Gobierno no puede obligar a los bancos a prestar a pequeños y medianos productores y eso que un estudio del BID del 2017, donde participa Juan José Echavarría, sobre el impacto del crédito agropecuario en Colombia dice que “al acceder a un crédito el productor tiende a aumentar su rendimiento en un 12 % y a disminuir su pobreza en 03%.

Ante la propaganda productores  se acercan al banco agrario a pedir el publicitado crédito especial por la pandemia, pero la realidad con la que se encuentran es que no tienen garantía hipotecaria. Lo insólito es que quién si las tiene  caso de una productora del Cauca que pidió 60 millones de pesos con garantía 18 hectáreas muy bien valoradas le salieron con que le prestan 6  y a otro productor mediano a pesar de mostrar los estados financieros de una empresa muy solvente le dicen que para café no prestan. El modelo de crédito agropecuario fracasado, definido como política desde Cesar Gaviria hasta Duque, ha llevado a que en algunos casos los campesinos para acceder a préstamos tengan que acudir casas comerciales y en otros prestamistas que se asemejan al gota a gota. Con algún juicio los bancos dicen que en Colombia la producción de alimentos o géneros es de alto riesgo, por tanto no susceptible de crédito.

Si no hacemos una nueva ley con créditos realmente de fomento para el agro, algunos astutos y otros desinformados, seguirán señalando a los campesinos y productores de ineficientes y los neoliberales mantendrán la excusa perfecta para seguir importando 14 millones de toneladas de alimentos, cifra que crece con los TLC.

La nueva política de crédito para el agro debe tener como actor principal un banco oficial de fomento con líneas de crédito que atiendan las características productivas de las diversas actividades del renglón primario de la economía que ofrezcan créditos ágiles, suficientes, oportunos y baratos para todos los productores sin distingo del tamaño, como paso inicial para garantizar la soberanía alimentaria de los colombianos.

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