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¡Consumo de carne y leche otro fracaso del PEGA 19! (2)

I.Agr. Ramiro Camacho B., La Dorada, agosto 18 de 2020

El Plan Estratégico de la Ganadería Colombiana,  PEGA19, entre la no corta lista de metas a alcanzar en el año 2019, fija las del consumo de carne y leche por habitante,  cifra que define el potencial del mercado interno, su avance o su retroceso, y que como se advierte en su introducción  al señalar el escenario de fuerte competencia que se encontraría la ganadería para el año  final del Plan, la modernización y la reconversión, afirma “se habrán convertido en un asunto de supervivencia para conservar siquiera nuestro propio mercado, el cual, hasta ahora y sin muchas razones de competitividad real, siempre hemos considerado feudo inexpugnable.”

 

En el año 2.004 el consumo de carne/habitante año era de 19,6 kilos y  de 145 litros de leche/habitante año. La preocupación debía ser mayúscula al comparar el consumo de carne con Brasil, 34 K, Argentina 54,7 K y Uruguay 46,3. Superábamos a México 17,7 k y a Venezuela 16,2; en leche el drama aumentaría si nos mirábamos frente a Brasil que consumía 117,6 litros/Hab/año, a Uruguay 177,4 y  Argentina 164,3 litros/hab/año.

 

Es un completo fracaso que el  consumo de carne,  no solo no  haya alcanzado los 30 kilos/habitante/año propuesto, sino que haya descendido de los 19,6 kilos, del 2.005 a 18 Kilos/habitante/año en 2019. Se pretende explicar el desastre, por la tendencia a disminuir consumo de carnes rojas, a la elevada demanda de pollo que casi dobla el de carne en 2017, 18,3 a 32,8 K/hab/año, al incremento en la demanda de huevo, o de cerdo que por poco triplica su consumo entre 2005, 3,3 K/Hab/año y 9,4 en 2017 K/hab/año. Señalan gran responsabilidad a lo exitosas de las campañas de promoción al consumo de la competencia de la carne bovina, “pero también a su relativa menor complejidad y costos de producción”.

 

El consumo de leche, si bien no retrocedió como el de la carne, su incremento de 3 litros, el 2,15% entre 2003 y 2019, es un incremento pírrico que dista mucho de los 163 litros, el 12,5% proyectado, muy distante de los 180 Litros/hab/año que recomienda la FAO y que avergüenza frente a los incrementos en el mismo periodo en los países del sur: Brasil pasó de 117,6 litros/hab/año a 176, el 50%; Uruguay de 177 litros pasó a 230 incremento del 30%; Argentina creció su consumo de 164 litros a 210, el 28%.

 

Sin presentar al gremio un análisis serio, que señale los responsables del Fracaso del Plan Estratégico de La Ganadería 2019, en cuanto al consumo se refiere, se nos presenta en la Hoja de Ruta 2018-2022, nuevas metas a alcanzar: sin vergüenza proponen que al final del cuatrienio regresemos al consumo de carne del 2012, 20,8 Kilos/hab/año y en leche otra quimera: elevar el consumo a 60 litros/persona/año para los estratos 1 y 2, a partir de los 39 y 56 litros/persona/año actuales, respectivamente. Y lo proponen porque señalan que el bajo consumo se debe a falta de oferta para esos estratos: “Mucha leche para estratos altos y muy poca para estratos bajos” afirman.

 

El incremento del consumo de leche  en los últimos 9 años, en todos los estratos, ha sido de solo 0,5 litros, medio litro/habitante /año, dos litros en  4 años. Si el incremento general en 15 años fue de solo el 2,5%, qué milagro ocurrirá para que el incremento en el estrato uno sea del 55% en cuatro años? Merecemos una explicación. Suena bonito para los aplausos en los congresos del gremio.

 

Hemos afirmado que el bajo consumo de carne y leche de los colombianos obedece, no a la ignorancia generalizada de su valor nutricional, sino como consecuencia de la precaria situación económica de la población. Mucho menos a la falta de oferta en las tiendas y supermercados.

El crecimiento de la demanda, del consumo, depende de la cantidad de dinero que tengan en el bolsillo los colombianos, de sus ingresos. Desde cuando el país quedó inscrito en el libre mercado hace 30 años, hemos venido en curva descendente del poder adquisitivo, que se traduce en la incapacidad de obtener los bienes necesarios para llevar una vida digna y saludable. Se afirma que el 70% de la población se encuentra entre la pobreza y el rebusque y los que tienen el privilegio de contar con un empleo reciben bajos salarios. Varios millones de hectáreas se dejaron de sembrar en cultivos transitorios para hoy importar lo que producían y miles de pequeñas, medianas y hasta grandes empresas cerraron o trasladaron sus operaciones lanzando a la calle a sus trabajadores, reemplazando el trabajo nacional por el extranjero, propinándole un duro golpe al mercado interno.

Los voceros de los ganaderos, que han acompañado esta política desde su implementación, ocultan esta irrefutable verdad y buscan la tragedia del bajo consumo de carne y leche rio arriba. Desde Dignidad Ganadera nos corresponde aclarar, persistir en señalar que mientras no haya una modificación a esta política hoy al mando, continuarán quienes dicen representar al gremio, proponiendo Planes Estratégicos y Hojas de Ruta con metas que no se cumplirán y dilapidando importantes recursos que aportamos.

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